AUTORES

Angela Figuera
Angela Figuera Aymerich nació en Bilbao en l902. Pertenece cronológicamente, igual que "Lauaxeta" , a la generación del 27 .
Hija de un profesor de la Escuela de Ingenieros industriales de Bilbao, estudió Filosofía y Letras en Madrid (ciudad a la que trasladó su residencia en 1930) y ejerció la docencia en Huelva, Alcoy y Murcia. Tras la guerra civil perdió su plaza de funcionaria pública y pasó varios años dedicada al cuidado de su hijo. A finales de los años 40 la Biblioteca Nacional inauguró el servicio de Bibliobuses y Angela comenzó a trabajar en ellos, según dicen, con enorrne entusiasmo.
 
A los 46 años publicó su primer poemario, Mujer de barro (1948), pero será a lo largo de los años 50 cuando escriba lo más sobresaliente de su obra. Un libro de Celaya, Las cosas como son, publicado en 1950, influyó de manera decisiva, según confesión propia, en su visión del mundo y de la poesía. En 1952 obtuvo el Premio Ifach con su libro El grito inútil. "Los que sufren y ca-
llan", dice, son ahora el objeto principal de sus versos. Pero es en 1958, con la publicación en México de Belleza cruel, cuando el nombre de Angela Figuera se hace más conocido. León Felipe prologa el poemario y reconoce que se equivocó al decir (y al escribir) que los poetas del exilio se habían lievado la canción con ellos.

"Ahora estoy avergonzado" escribe León Felipe "yo no me llevé la cancíón Nosotros no nos llevamos la canción. Vosotros os quedásteis con todo: con la tierra y la canción. Dámaso, Otero, Celaya, Hierro, Crémer, Nora, de Luis, Angela Fíguera Aymerich... que os quedásteis en la casa paterna, en la víeja heredad acorralada... Vuestros son el salmo y la canción".
Toco la tierra. Letanías, publicado en 1962, será el último libro de Figuera.
 El 2 de abril de 1984 falleció en Madrid.

En la edición de sus Obras Completas (Hiperión, 1986, 1999) el dibujo de portada (obra de Diego Figuera) representa a una madre con su hijo en brazos. Es verdad que Angela Figuera es la gran voz poética de la maternidad (y una espléndida autora infantil con sus preciosos cuentos tontos para niños listos), pero su poesía airada, inserta en una larga tradición barroca, es más que eso: "un grito" como ella misma dijo,"para los
que no quieren escuchar."

Autor del texto: José Fernández de la Sota