Fernando de la Quadra Salcedo

por José Fernández de la Sota


Fernando de la Quadra Salcedo es todo un raro que vivió, como dijo González Ruano, “colgado de Ia higuera genealógica”.

Escribió lo que pudo y lo que quiso, sobre todo de asuntos genealógicos, pero también poesía y numerosos artículos periodísticos, hasta 1936. En la guerra civil corrió la misma suerte –la misma muerte– que don Pedro Eguillor. Había nacido en Güeñes el 30 de diciembre de 1889, en la torre de Zalla de los Salcedo. Estudió en Bilbao y se doctoró en Derecho. De la Quadra será uno de los animadores principales de la revista Hermes. El suyo, sin embargo, no será un elitismo ilustrado como el de Sánchez Mazas, ni político

como el de José Félix de Lequerica, sino básicamente genealógico.

Lo que a Quadra Salcedo le obsesiona, como buen encartado, es el

linaje. Con Gustavo de Maeztu organizó una pintoresca Academia de Genealogía en donde, previo pago, sus clientes podían entroncar con lo más rancio de la aristocracia. “Soñaba”, escribe Ruano con imposibles golpes de Estado esteticistas y bellos para imponer la autoridad divina y aldeana de las coronas absolutistas y patriarcales. Su árbol genealógico, que sólo se podía echar a reñir con el que exhibía Rafael Lasso de Ia Vega, llegaba hasta lñigo Arista".

En 1917 publicó El versolari, poemario impreso en Bilbao y prologado por Valle Inclán. Su poesía, en efecto, es una mezcla extraña de sencillez aldeana (versos de versolari) y épica nobiliaria. Escribió, entre otros libros, Canto del Pirineo guerrero y nobiIiario o Personalidades vascas en la literatura poética. Fue pretendiente al trono de Navarra y al del Principado de Andorra. "Tengo dos tronos en el bolsillo, pero ni un sólo cuarto", solía comentar. A su primo el barón de Beorlegui le convenció de sus derechos al trono de Albania por su ascendencia en la casa Real de Aragón. Organizaron una campaña que llegó a tener eco en el Times londinense. Compusieron un himno y celebraron reuniones regias en el palacio de los Salcedo en Güeñes. Sus amigos bilbainos le gastaron la broma de hacer pasar al pintor italiano Guido Caprotti por un espía de Mussolini enviado a Vizcaya para asesinar al barón, dado que el dictador, según decían, pretendía instalar a un príncipe italiano en el trono de Albania. Quadra se lo creyó y a su primo el barón le faltó tiempo para afeitarse la barba y plantarse en Pamplona.

Pío Baroja escribe en el tomo cuarto de sus memorias: “Quadra

Salcedo hablaba de sus parientes del Imperio Romano como cualquiera puede hablar de su tío de Alcalá o de su primo de Chínchón. Era un hombre fantástico, que creía en sus elucubraciones”.










Comments