AUTORES

Juan Larrea
En el número 2 de la calle Henao había una placa que recordaba al
viandante que en esa misma casa nació un poeta llamado Juan La-
rrea, un poeta de Bilbao calificado por Vittorio Bodoni como "pa-
dre desconocido del superrealismo español" y por Gerardo Diego
como "el más hondo e intenso de los poetas españoles". Un "gran
poeta español en lengua francesa", según Luis Felipe Vivanco. Un
poeta importante de ia generación del 27 (con la que, sin embargo,
tuvo que ver muy poco) y una de las figuras más notables del exilio
republicano español. En 1960 eran escasos (todavía lo son pese a
todo) los bilbainos que sabían quién era Juan Larrea. Uno de esos
escasos ciudadanos era el poeta Gregorio San Juan, que mantuvo
con él una interesante correspondencia. En una de sus cartas Larrea
reconocía que Bilbao le sonaba "tan a antigualla como Taprobana
o las Termópilas". Larrea no se acordaba de Bilbao y Bilbao no po-
día recordarle porque, sencillamente, nunca le conoció. Para Bil-
bao, como para los escritores que durante un tiempo pensaron que
Larrea era un invento de Gerardo Diego, el padre incógnito del su-
rrealismo español fue un autor invisible. Cuando en 1980 Gregorio
San Juan (pór entonces concejal socialista de la Villa) propuso que
una calle de Bilbao llevase el nombre de Juan Latrea, seis conceja-
les se opusieron a ello. Más tarde la Delegación del Gobierno cen-
tral puso su nombre a una sala situada en la Gran Vía. En la placa
de bronce colocada en la fachada puede leerse aún: Sala Juan de
Larrea. En veinte años nadie ha solicitado a la Delegación que en-
miende su pequeña (o no tanto) metedura de pata y de letra.

*

Juan Larrea nació en Bilbao en 1895, en el seno de una fami-
lia estricta y muy católica, es decir, en el seno de una clásica fami-
lia bilbaina. Desde el primer momento, la meta de Larrea será huir
de Bilbao, algo que logrará muy pronto, primero de manera provi-
sional -instalándose en casa de sus tíos Antonio Fagoaga y Micae-
la Larrea, que viven en Madrid desde 1899- y después de forma
definitiva. El propio Larrea escribirá más tarde que se formó en un
ambiente "culto, pero muy rezagado en el tiempo".

Inició la carrera de Letras en la Universidad de Deusto, dondc
entabló amistad con Gerardo Diego. En 1914, en la revista de la
Universidad, publicó sus primeros poemas. A través de Gerardo
entra en contacto con el ultraísmo. Lee a los poetas franceses dc
vanguardia y se traslada en l92l a Madrid, tras ganar plaza en sus
oposiciones al cuerpo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólo-
gos. Es destinado al Archivo Histórico Nacional, donde ocupa el
puesto de Jefe de Sección de Ordenes Militares. Un cargo a su me-
dida, ya que podrá huronear en toda clase de documentos sobre la
Orden de Santiago (un tema, el jacobeo, que será una obsesión a lo
largo de toda su vida). Ese mismo año conoce en Madrid al poeta
Vicente Huidobro. En 1923 viaja a París, frecuenta a Tristán Tzara
y a Juan Gris y escribe sus primeros poemas en francés (su huída
de Bilbao es, de algún modo, el precedente de su huída de la len-
gua).  Jon Juaristi sostiene que el francés que Larrea escogió como
lengua literaria "no era una lengua grecolatina, sino un avatar del
griego de los gnósticos, con quienes intentó entroncar a través de
un surrealismo avant le mot".

Al año siguiente abandona su puesto de archivero y, de vuelta
en París, conoce en casa de Huidobro al poeta peruano CésarValle-
jo, con el que trabará una intensa amistad y con quien creará y edi-
tará la revista Favorables-París-Poema. Al Larrea parisino le re-
cuerda González Ruano como "un dandy irónico y hombre de buen
gusto en todo, demasiado influido por los franceses de última hora
y a mi entender por Neruda y Vallejo y aun porVicente Huidobro".
Pero Neruda detestaba (o llegó a detestar) a Juan Larrea hasta el
punto de dedicarle una terrible Oda a Juan Tarrea en la que, entre
otras cosas, decía: "A Bilbao se fue con las vasijas. / Después se
colgó de Vallejo, / le ayudó a bien morir / y luego puso / un peque-
ño almacén / de prólogos y epílogos". En este tiempo escribe algu-
nos poemas de Versión Celeste, trasunto literario de la Vía Láctea,
y consume cocaína, éter, opio y alcohol. También en esta época
produce los primeros textos de Orbe, diario de anotaciones corres-
pondiente al período 1926-1932. Una obra únicamente parangona-
ble, según afirmau Pere Gimferrer, con el Libro del desasosiego de
Pessoa.

En 1930, bajo el influjo americano de Huidobro y Vallejo,
abandona París y se embarca rumbo a Perú. Se define como "un
aventurero del espíritu". Vive con su mujer y su hija en un poblado
a 4.000 metros de altura. Allí comenzará la creación de su magnífi-
ca colección de antigüedades incaicas (las "vasijas" de Pablo Neru-
da), conservada actualmente en el Museo de las Américas de Ma-
drid. Regresa a Francia y cuando en1932 Gerardo Diego le incluye
en su Antología, es tan desconocido en su país que muchos piensan
que sus poemas son obra del antólogo. A partir de ese año Larrea
dejará de escribir Poesía.

El estallido de la guerra civil española le sorprende en París,
donde se pone de manera inmediata al servicio del gobierno de la
República. Además de trabajar en una oficina parisina dedicada a
asuntos culturales, Larrea sirve de enlace entre el gobierno republi-
cano y Pablo Picasso mientras éste realiza el "Guernica", experien-
cia que recreará en su ensayo The vision of Guernica publicado en
I947 enNuevaYork . En 1939 se traslada a México y es nombrado,
junto con José Bergamín y Josep Carner, presidente de la Junta de
Cultura Española, cuyo órgano es la revista España Peregrina.

En los años cuarenta comienza a interesarse en el estudio del
mártir heterodoxo Prisciliano. En marzo de 1940 Pedro Salinas le
escribe a su amigo Guillén que acaba de leer un artículo de Larrea
"que me ha dejido atónito, por el confusionismo misticista mental
y profetico, como de teósofo'' Lo cierto es que Larrea abandona la
poesía surrealista y se entrega al cultivo de un ensayo visionario y
abstruso, quizás apasionante, pero cuya lectura resulta impractica-
ble para la mayoría. En 1949, gracias a una beca de la Fundación
Guggenheim, se traslada a NuevaYork y continúa investigando so-
bre el priscilianismo. Es evidente, piensa, que los supuestos huesos
de Santiago el Mayor son los de Prisciliano. Además, el nombre
del Apóstol, Jacob, significa en hebreo "suplantador". Los libros
de Larrea, desde luego, tienen algo de quest iniciática.

En los años cincuenta trabaja en sus ensayos La espada de la
paloma y Razón de ser, libros considerados por su autor como fun-
damentales. En 1956 abandona Estados Unidos después de ver re-
chazada su petición de ciudadanía y se traslada a Córdoba, Argen-
tina, integrándose en el profesorado de la Facultad de Filosofía y
Letras de esa ciudad. Pero pronto vendrán los problemas. Los sec-
tores marxistas de la Universidad consideran subversivas sus ideas.
En 1965 es suspendido como profesor. Paradójicamente, mientras
los izquierdistas argentinos intentan expulsarle de la Universidad,
la banda Bader Meinhof pretende editar su poesía en alemán en
1966. En 1970 Carlos Barral edita en Barcelona Versión Celeste.
En enero de 1978, con motivo de la presentación en Madrid de la
edición española de El Guernica de Picasso, realiza una visita a
Bilbao organizada por Cuadernos para el Diálogo. Dos años más
tarde, el día 9 de julio de 1980, fallece en Argentina a los 86 años.
La noticia tardó dos meses en llegar a España, lo mismo que a Bil-
bao, la ciudad de su origen y el origen, quizás, de todas sus huídas.
En un poema de Versión Celeste Larcea había escrito <Finis terre
la / soledad del abísmo / Aún más allá / Aún tengo que huir de mí
mismo>>.


José Fernández de la Sota. Del libro Bilbao. Literatura y literatos. Bilbao, 2000. Ediciones Laga.