Miguel de Unamuno


En sus notas acerca de Heine, publicadas en 1964, Max Aub escribe que la ventaja del autor alemán "es que se puede decir de él lo que se quiera. Todos y cada uno pueden reclamarlo según las facetas de su genio. Dijo blanco donde perjuró negro. Rió de lo que después asegurará divino. No dejó a nadie con hueso sano. Estuvo en contra de todo y de todos". Idénticas palabras se podrían escrihir sobre Unamuno o, mejor dicho, sobre los Unamunos sucesivos,superpuestos, convergentes o antípodas que fueron o que hicieron a Miguel de Unamuno.

Don Miguel se ha convertido en objeto de tesis y de culto, de amores y rechazos viscerales. Un autor que lo mismo nos sirve como argumento de autoridad en la defensa de una tesis cualquiera, la que sea, que como arma arrojadiza contra ella. Reivindicado por autores como Günter Grass, Martin Gardner, Auden o E.M.Cioran (fiIósofo sin sistema, como el propio Unamuno, tan negador y tan renegador como él), don Miguel es, sin duda, el más universal de los bilbainos de cualquier profesión o actividad. Probablemente sea, junto a García Lorca, el autor más citado y conocido dc la literatura española del siglo XX. Pero, como decimos, no hay un sólo Unamuno.

Está el Unamuno costumbrista, víctima, como Borges, de un cntusiasmo juvenil que le lleva a escribir en dialecto bilbaino de la misma manera que el argentino escribe con ortografía criollista. Fruto de ese entusiasmo es el sainete jebo titulado EI Cuestión del Calabasa, del que abominaría (igual que Borges abominó de El tamaño de mi esperanza, reeditado por María Kodama tras el fallecimiento de su autor). Tenemos al Unamuno socialista de La Lucha de Clases, al ateo y al cristiano y al existencialista. Al exaltado agitador y al Unamuno contemplativo estudiado por Blanco Aguinaga. Y, por supuesto, un Unamuno periodista y otro filósofo, uno poeta y otro "nivolista" y otro más dramaturgo.

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Hijo y nieto de comerciantes vascos (su abuelo paterno era un confitero vergarés) Miguel de Unamuno y Jugo nació en Bilbao (en la calle de la Ronda) el 29 de septiembre de 1864. Ese mismo año la familia Unamuno trasladaría su domicilio al nº 7 de la calle de La Cruz, también en el Casco Viejo. En esa casa vivirá don Miguel hasta los 27 años, cuando obtenga la cátedra de griego de la Universidad de Salamanca. En su Diario inédíto, el escritor confiesa que su niñez fue "la de un niño endeble (aunque nunca enfermo) y criado en el seno de una familia vascongada de austerísimas costumbres, con cierto tinte cuáquero. Fui de chico devoto en el más alto grado, con devoción que picaba en lo que suelen lla mar... misticismo". Un misticismo que en Bilbao no es extraño (sino más bien la marca de la casa) entre los escritores. La villa de su infancia, junto a la religión, marca su biografía sentimental. "Debo a Bilbao", afirma en 1901, "la raíz de mi espíritu". Y en Mi bochito escribe: "Mi verdadero mundo, la placenta de mi espíritu embrionario fue, ante todo, la manzana comprendida entre las calles de La Cruz, Sombrerería, Corueo y Matadero (hoy Banco de España)".

En 1875, un año después del último sitio carlista a la villa,
Unamuno inicia su bachillerato. "El bombardeo de la villa", cuenta en Recuerdos de niñez y de mocedad, "marca el fin de mi edad antigua y eI principio de mi edad media". De sus recuerdos infantiles del Sitio de Bilbao nacerá más tarde su novela Paz en la guerra.

Termina el bachillerato en 1880 y al año siguiente abandona la
Villa para estudiar Filosofía y Letras en Madrid. Parece que nada le satisface en la capital. Carlos Ayala se refiere a esta época en los siguientes términos: "Su paso por la universidad es raudo, no deja huellas a pesar de su brillante carrera con sobresalientes y matrículas de honor". Su tesis doctoral llevará el título de "Crítica del problema sobre el origen y prehistoria de la raza vasca'" Estamos en 1884 y el joven doctorado ha regresado a casa. En Bilbao, mientras prepara oposiciones a cátedra de instituto, se dedica a dar clases particulares.

Tras cuatro intentonas frustadas en el deporte nacional de las
oposiciones, Unamuno consigue en 1891 la cátedra de griego en la Universidad de Salamanca, ante un tribunal presidido por don Marcelino Menéndez y Pelayo. Ese mismo año se casa con Concha Lizárraga, novia de la niñez, "más buena que lista, más graciosa que guapa y más económica que rica" según el doctor Areilza. Unamuno se instala en Salamanca. A Bilbao regresará periódicamente a pasar sus vacaciones.



El contacto con el paisaje sin paisaje de Castilla influirá de
modo decisivo en su obra y en lo que María Zambrano denomina su pensamiento poético. En 1894 se afilia al Partido Socialista, pasando a colaborar en La Lucha de Clases y El Socialista. En 1897 abandona el partido. "Soy socialista convencido",le escribe desde Bilbao a Pedro Múgica, "pero, amigo, los que aquí figuran como tales son intratables: fanáticos necios de Marx, ignorantes, ordenancistas, llenos de prejuicios de origen burgués, ciegos a las virtudes y servicios de la clase media. A mí empiezan a llamarme místico".

En 1895 publica En torno al casticismo, donde acuña el concepto de intrahistoria y en donde aboga por la europeización de España. En 1897 sufre su segunda y más importante crisis religiosa.
Un año antes había nacido su hijo Raimundo, que moriría a causa de una hidrocefalia. Esta crisis de 1897 será la de su "agonía cristiana", la del viejo conflicto entre razón y fe.
Ese mismo año aparece también Paz en la guerra, su novela del sitio carlista.

1898 será el año del desastre colonial y el que dé nombre a la
generación literaria de Miguel de unamuno. La idea de regeneración se hace obsesiva. Unamuno, que había conocido a Ganivet mientras ambos preparaban oposiciones en Madrid y que, al igual que el granadino, es devoto de Costa, pide la regeneración urgente de "un pueblo carcomido de pereza y superficialidad de espíritu." España se convierte en un problema y el escritor se lanza a resolverlo mediante el periodismo y la política. Surge así el "excitator hispaniae"  bautizado por Robert Curtius.

En 1900, con 36 años, Unamuno es nombrado rector de la uni-
versidad de Salamanca. Con la entrada del siglo publica, entre
otros títulos, Amor y pedagogía y Tres ensayos. Dice ortega y Gasset que pocos escritores llegan al nuevo siglo con el bagaje de este bilbaino que "hace universal el horizonte de la cultura española".

En 1905 publica Vida de don Quijote y Sancho, en donde aboga por la españolización de Europa con la misma convicción con la que reivindicaba, diez años antes, la europeización de España. En 1907 aparece el volumen Poesías y en l92l la que, según algunos críticos, es su obra capital: Del sentimiento trágico de la vida. Ya en el primer capítulo avisa don Miguel que se dirige "al hombre de carne y hueso, el sujeto y el supremo objeto, a la vez, de toda filosofía", un hombre que desea desesperadamente la inmortalidad. "Yo necesito la inmortalidad de mi alma", escribe, "sin ella, sin la fe en ella, no puedo vivir". Unamuno no puede soportar no ser eterno.

 Las fricciones que venía sosteniendo con el gobierno Dato y su feroz campaña antigermanófila al estallar la gran guerra acarrean su cese como rector de la universidad de salamanca en 1914. Ese año publica la novela Niebla y compone su poema El cristo de Velázquez, que no verá la luz hasta 1920. En 19l7 visita el frente de guerra austro-italiano y publica Abel Sánchez.


En los años siguientes ve crecer su aureola de agitador político, viéndose envuelto en diferentes procesos por supuestas (y no tan supuestas) injurias al monarca.




La tía Tula aparece en 1921, año en el que, nuevamente, el depuesto rector regresa al claustro de la universidad salmantina como vicerrector y decano de la Facultad de Filosofía y Letras (lo de Unamuno con la Universidad -lo lo de la Universidad con Unamuno- será un vodevil trágico).

En 1923 llega la dictadura primorriverista. Unamuno está a punto de cumplir 60 años, pero le quedan fuerzas para oponerse a ella de una manera airada, sin reparar esfuerzos y llegando, como escribe Gregorio San Juan en su excelente prólogo al poemario De Fuerteventura a París, "al insulto, a la injuria descarnada y brutal". Pide el procesamiento de Martínez Anido, "eI cerdo epiléptico", y retrata a Alfonso XIII como "monstruo de doblez y de perversidad". En 1924 es suspendido de empleo y sueldo y desterrado a la isla de Fuerteventura. Abellán, en su Sociología del 98, insinúa que el destierro pudo ser "buscado adrede por él mismo" en su afán de fraguarse una figura quijotesca. Una suposición, quizás, un tanto aventurada. El caso es que Unamuno estará cuatro meses
confinado en la isla, junto al diputado republicano Rodrigo Soriano, tomando el sol y leyendo a Galdós y descubriendo el mar. Su salida de la isla será rocambolesca. Mientras prepara su huida, recibe la noticia de que ha sido indultado por el Gobierno.Don Miguel, sospechando tal vez que el Directorio tiene los días contados, rechaza el "rencoroso perdón" y embarca en una goleta fletada por el diario izquierdista francés Le Quotidien, que aprovecha el prestigio internacional del escritor bilbaino (Les Nouvelles littéraire le había dedicado un número con la colaboración de los escritores más ilustres de Europa) para montar una campaña sensacionalista organizada por su director (un antiguo empresario circense) y por una acaudalada dama parisina. Pero sus relaciones con Le Quotidien se enfriarán muy pronto. El escritor bilbaino se transforma muy pronto en aguafiestas. El dictador resiste y Unamuno desespera en París. El 23 de agosto de 1925 parte hacia Hendaya por razones que van de lo económico a lo sentimental. En 1926 se publica en Le Mercure de France la primera edición de Cómo se hace una novela, en versión del bilbaino/francés Jean Cassou.

 El exilio, que pudo comenzar de una manera bufa, casi rocam-
bolesca, se alargará seis años. En 1930, con la caída de la Dictadura, Unamuno regresa a su país. Es un anciano airado de 66 años.un anciano que no se ha doblegado y que después del apoteósico recibimiento que se le hace en Madrid, realiza unas declaraciones que le obligan a recluirse en Salamanca. Ese año publica San Manuel Bueno, mártir, puede que su mejor novela, "en la que representa el drama de un sacerdote sin fe, trasunto literario de su propio debate interior.

El 31 de abril de 1931 proclama desde un balcón de la univer-
sidad de Salamanca la II República Española. Es repuesto en su antiguo cargo de rector, elegido diputadó a Cortes y nombrado presidente del consejo de Instrucción pública. En 1934 se le nombra rector vitalicio de la universidad de Salamanca, creándose una cátedra con su nombre. Al año siguiente es investido doctor honoris causa por la universidad de Grenoble. En 1936, la universidad de Oxford le distingue con el mismo honor.

El entusiasmo republicano de Unamuno, como el de tantos
miembros de su generación, se enfría de mes en mes. Los derroteros que toma la República presidida por don Manuel Azaña, a quien bautiza como "El Faraón del Pardo", le parecen nefastos. Sus ataques en forma de artículos contra el nuevo régimen son cada vez más ácidos.

1936 será el último año de la vida de Miguel de unamuno. El
escritor asistirá sucesivamente al estallido de la guerra civil, a su cese en el cargo de rector vitalicio de la universidad de Salamanca, a su posterior restitución en el mismo y, finalmente, a un nuevo cese (una especie de amargo resumen de sus contradicciones). El 23 de agosto de 1936, la Gaceta de Madrid publica el decreto por el que don Miguel es destituido de todos sus cargos. "El Gobierno ha visto con dolor que don Miguel de Unamuno no haya respondido a la lealtad a que estaba olrigado, sumándose de modo público a la facción en armas". La Junta de Defensa Nacional, instalada en Burgos, le restituirá en su cargo. Pero el 12 de octubre, con motivo de la celebración del Día de la Raza en el paraninfo de la Universidad de Salamanca, Unamuno hará honor a su leyenda al protagonizar el célebre enfrentamiento con Millán Astray. Ante el grito necrófilo del legionario, el anciano rector se congestiona y le espeta el famoso "¡Venceréis, pero no convenceréis!". El revuelo fue enorme y don Miguel tuvo que abandonar el paraninfo del brazo de doña Carmen Polo. El cese, como era de esperar, fue fulminante.
Desde ese día, Unamuno no saldrá de su casa salmantina, en la que morirá la noche de San Silvestre de 1936. Claro que don Miguel,seguramente, ya había dimitido de la vida antes de todo eso.

Nikos Kazantzakis, que visitó al escritor en Salamanca poco
antes de su muerte, nos ha dejado un testimonio patético de sus últimos días en su libro Spain, publicado en 1963 en Nueva York por Simón y Schuster. El novelista griego transcribe las palabras de Unamuno, a quien retrata igual que a un viejo oráculo: "Estoy desesperado. Desesperado por lo que está sucediendo aquí. Por el modo en que están luchando, matándose unos a otros, quemando las iglesias, haciendo ceremonias burlescas, levantando las banderas rojas y los estandartes de Cristo. ¿Usted cree que todo esto pasa porque los españoles tienen fe? Atienda usted bíen lo que le digo: todas estas cosas suceden porque los españoles no creen en nada. En nada. Son unos desesperados. No, no me he convertido en un derechista. No haga usted caso de lo que dice la gente. (...) Ni soy fascista ni bolchevique, soy un solitario".

Texto: José Fernández de la Sota